Rompiendo cadenas: Soltar para Sanar
Llega un momento en el camino de crecimiento personal en el que algo empieza a cambiar. Un momento en el que, al perdonar, soltar, dejar ir… se siente como si algo dentro se rompiera, pero para bien. Como si cayeran cadenas, como si un ancla se soltara del fondo y finalmente me permitiera elevarme.
Durante años viví con la necesidad de demostrarle algo a los demás. Tal vez para sentirme válido, para ser aceptado, para que alguien por fin me dijera que era suficiente. Pero he empezado a entender que no puedo seguir viviendo así. No puedo cambiar a las personas. No tiene sentido desgastarme esperando que los demás sean distintos.
Lo que sí puedo cambiar es cómo me afecta lo que hacen o dicen.
Y eso ha sido un despertar.
Reconozco ahora que he vivido con baja autoestima, atrapado en las opiniones de los demás, en lo que creen, dicen o suponen sobre mí. Me dolía, me dominaba. Pero en medio de ese caos, he encontrado en la meditación una herramienta poderosa. No como una moda ni como una solución mágica, sino como una forma de recuperar el control sobre mi mente.
Mi mente, a veces, es como un animalito sin correa: reacciona por instinto, corre detrás de cualquier estímulo. Pero yo soy quien debería llevar la correa. Yo soy quien puede decidir. Solo que durante mucho tiempo dejé de hacerlo.
Sanar, (y apenas lo empiezo a entender) no es solo llorar las heridas del pasado.
Es reconocer que muchas de esas cadenas que me atan no me las puso otra persona. Me las puse yo mismo. Me até a palabras, actitudes o hechos que sí, vinieron de los demás, pero el daño profundo no fue lo que hicieron, sino cómo lo dejé entrar, cómo me afectó, cómo lo sostuve adentro por tanto tiempo.
Y no se trata de negar el dolor. No se trata de hacer de cuenta que no pasó nada.
Es más bien como permitir que esa agua sucia que alguien vierte en mi mente entre… pero también salga. Que fluya. Que no se quede. Que no me contamine más de lo necesario.
He llegado a estas reflexiones no desde una teoría académica, sino desde mi experiencia, mis lecturas, mis meditaciones.
Seguro hay filósofos que lo han explicado mucho mejor, personas que lo han vivido con más profundidad, pero esta es mi forma de entenderlo.
Y por eso, hoy sé que perdonar no se trata solo del otro. No lo hago para que el otro se sienta mejor. Lo hago para soltar yo, para dejar de vivir atado a ese dolor, a ese pensamiento que me carcome.Perdonar es romper una cadena interna, y lo mismo pasa con perdonarme a mí.
Qué difícil es.
Qué duro se vuelve.
Pero también sé que es uno de los pasos más grandes en pos de mi salud mental.