Reflexiones sobre mi muerte
Mientras creaba el contador del tiempo que he vivido y calculaba mi esperanza de vida para incluirlo en este sitio, inevitablemente pensé: ¿qué pasará cuando muera?
De alguna forma, este espacio digital es también un legado. Un epitafio digital. Un recordatorio de que estuve aquí. Una colección de memorias que tal vez algún día, alguien más leerá.
Reflexioné entonces sobre la vida, la muerte, lo que he hecho… y lo que no. Según los cálculos, ni siquiera he llegado a la mitad de mi vida. Y aunque temas como la depresión o el deseo de morir han sido recurrentes en mis pensamientos, al ver esos números sentí también una especie de esperanza. Como un llamado a seguir. Pensé: “puta!, tengo mucha vida por delante”. Y eso, por absurdo que parezca, me hizo sonreír.
No le tengo miedo a la muerte. O al menos, eso creo. Lo que sí me asusta es el sufrimiento (como a todos los animales). Pero más allá del temor, veo en la muerte una oportunidad para pensar en lo que quiero dejar atrás. Para decidir cómo deseo ser recordado.
Este sitio podría servir como ese lugar. Me gustaría que, al momento de mi muerte, el contador se congelara: tanto el del tiempo vivido como el de la esperanza de vida. Si muero antes de lo previsto, que quede el desfase; si después, que se vea el tiempo extra que logré vivir. Incluso me imagino una última entrada de blog donde alguien cercano escriba cómo morí. Un registro final. No sé si sea importante para los demás, pero para mí sí.
También me dan ganas de contar más de mi historia aquí. Dejar trazos más claros de quién fui. He abordado temas personales antes, sobre todo relacionados con la depresión, pero siento el impulso de relatar mi vida como quien escribe un libro, este libro digital que voy dejando atrás.
Sobre qué hacer con mi cuerpo, no tengo exigencias. Mis creencias sobre la trascendencia son agnósticas. Lo más barato, lo menos problemático para los que queden. Que me cremen y ya. No quiero velorios, entierros, cementerios. El cuerpo, al fin y al cabo, es solo eso: carne destinada a descomponerse. Prefiero que la vida siga sin cargas innecesarias.
Lo que sí me importa es el recuerdo. Y ya que he vivido casi toda mi vida en lo digital, quiero que también allí quede mi huella. Este sitio es mi cementerio, mi lápida, mi retrato. Mi epitafio.
No tengo muchas pertenencias materiales. Vivo de forma minimalista desde hace años y espero seguir así hasta el final. En cuanto a lo digital, he dejado instrucciones. Mis cuentas, mis archivos… hay un plan para todo. Cerrar, borrar, hacer respaldos si es necesario. Tal vez cree un álbum digital con fotos que valga la pena conservar.
Si alguien debe encargarse de todo eso, será quien haya estado más cerca de mí en mis últimos días: tal vez mis padres, mi hermano, una pareja si llego a tenerla, un amigo… alguien. Y si nadie, pues que se disuelva como todo en la vida.
La idea sería también convertir este sitio en una versión estática que pueda conservarse con facilidad. Tal vez alguien se tome el trabajo de mantenerlo en línea. Si no, espero que al menos archive.org lo guarde antes de que desaparezca por completo.
Dicen que uno muere tres veces. La primera, cuando el cuerpo deja de respirar. La segunda, cuando muere la última persona que te conoció en vida. Y la tercera, cuando tu nombre se pronuncia por última vez.
Ojalá esa tercera muerte tarde mucho en llegar.