No tengo pruebas, pero tampoco dudas
Siempre he sido raro, diferente, alguien que no termina de encajar, que parece estar siempre un paso fuera del ritmo del mundo.
Durante mucho tiempo pensé que ese “fuera de lugar” era solo yo fallando en algo básico. Que si me esforzaba más, si aprendía mejor las reglas, si imitaba lo suficiente, eventualmente encajaría. Así que eso hice: aprendí a observar, a copiar, a actuar. A usar máscaras distintas según el contexto. A ensayar saludos en mi cabeza antes de decirlos. A calcular qué era lo correcto, lo esperado, lo normal.
Y funcionó... más o menos.
Porque el costo fue alto.
Creo que este cansancio que llevo conmigo, el no querer interactuar con la gente, el ser "antisocial". Son el agotamiento represado de aparentar ser normal (sumado a muchas otras cosas que están en el resto del blog)
Con los años empecé a ver patrones. No soy "experto en patrones" (pun intended) pero, son patrones bastante consistentes:
Me abruman los ruidos fuertes y los entornos caóticos.
Hay texturas de comida y de telas que no tolero.
Me cansa profundamente la interacción social, incluso cuando “sale bien”.
Necesito rutinas, sistemas cerrados, reducir decisiones para no agotarme.
Cuando algo me interesa, puedo perder la noción del tiempo durante horas, incluso días, sin sentir hambre ni sueño.
Desde niño he tenido obsesiones intensas: aprender por aprender, profundizar hasta el fondo y luego abandonar.
Cuando algo no despierta el interés en mi me cuesta profundamente mantenerme concentrado y restar atención.
Me muerdo los dedos, me arranco la las uñas, muchas veces sin darme cuenta, y aumenta especialmente si estoy sobrecargado.
Casi no me gusta la gente, a excepción de unas cuantas pocas personas, muy cercanas.
La interacción social, el "baile de las máscaras" me agota y requiere ese esfuerzo mental adicional a existir (que de por si ya cansa).
Luego de "comparti" con la gente, aunque sean familia y amigos requiero un tiempo de recuperación para volver a ser funcional.
Me siento en paz cuando tengo control sobre mi entorno, cuando no dependo de sistemas externos.
Dependo completamente de momentos de "hiperfoco" para poder hacer mi trabajo.
Sistemas de decisión cerrados me resultan especialmente cómodos, comprar cada cosa en un sitio específico, comer las mismas recetas una y otra vez, repetir los mismos rituales diarios/semanales/anuales. Estar preparado para el apocalipsis zombie, etc...
Podría seguir. Y mencionar muchas otras cosas, pero creo que se entiende el punto.
No escribo esto para pedir un certificado. Quizas un poco autodiagnosticarme, si, pero lo escribo porque todo apunta en la misma dirección, y negar eso sería volver a invalidarme y negar quien soy (de nuevo)
Alguien muy importante para mí, una vez, con buena intención, con la mejor intención y convencido de ayudarme, me dijo algo que todavía me duele:
“Deja de decir que eres autista. Tú solo eres raro. Acepta tu rareza y ya.”
Entiendo lo que quiso decir. De verdad.
Pero no es lo mismo.
Decir “eres raro” puede sonar liberador, si muy chévere ser unico y diferente, pero también puede borrar todo el cansancio, la sobrecarga, el esfuerzo constante de existir. No explica por qué encajar nunca fue automático. No explica por qué aceptar la rareza no siempre alivia.
No necesito una etiqueta para valer, pero tampoco quiero que se me niegue la posibilidad de usarla si me ayuda a hacer sentido de mi caos. Porque cuando todo se reduce a “es que eres así”, la carga siempre cae del mismo lado.
Lo que estoy tratando de decir es: así soy, esto es lo que hay, esto es lo que soy y no quiero sentir que tengo que disculparme o pedir permiso para existir.
No encajo del todo. Nunca encajé. Tal vez nunca lo haga... Y quizás, solo quizás, eso este bien asi.