Ozkar
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No me digas cómo vivir mi vida

Cuando me das un consejo sin que te lo pida, cuando me dices cómo debería vivir, siento que me estás llamando idiota. Percibo que estás denigrando mi inteligencia, como si creyeras que tu criterio es mejor que el mío, que eres más capaz de manejar mi vida que yo mismo.

Pero no es tu vida. Es la mía.

Ve y arregla la tuya.

Lidia con tus propios problemas y déjame a mí lidiar con los míos.

Tu ayuda no es bienvenida cuando llega sin ser solicitada. No solo no me sirve: estorba. Lejos de hacerme bien, me haces daño con tu intromisión. Si necesito ayuda, la pediré. Pero al meterte sin ser invitado, lo que realmente estás mostrando es que no confías en mi criterio, en mi capacidad de tomar decisiones, ni siquiera en mi habilidad para pedir ayuda cuando la necesito.

Y sí, puedo equivocarme. Todos nos equivocamos. Tú también. Y eso está bien. Es parte del maldito proceso de vivir.

Pero si me tratas como a un niño, si no me dejas ser, si me cohíbes, si me obligas a seguir tu voluntad "porque es lo mejor para mí", solo estás arruinando todo. Retrasas mi crecimiento. Me obligas a volver a empezar.

Una cosa es tener una opinión. Otra, muy distinta, es decirle a alguien cómo tiene que vivir.

Ya bastante tengo con mis propias dudas, miedos, temores y las voces en mi cabeza, como para tener que cargar también con los tuyos.

Opinar está bien. Compartir puntos de vista también. Pero no puedes esperar que todos estén de acuerdo contigo, ni invalidar lo que pienso solo porque no encaja con tu visión del mundo —especialmente cuando se trata de mi vida.

Una cosa es debatir sobre política, sociedad o filosofía. Otra muy diferente es decirme cómo gestionar mi dinero, qué hacer con mi empresa o cómo debería vivir el día a día.

Por respeto te escucho —porque eres alguien cercano—, pero no abuses de esa cercanía para imponer tu perspectiva sobre la mía.

Y esto me lo recuerdo también a mí mismo.

Quiero aprender a poner límites con claridad. Quiero evitar que pasen por encima de mí, pero también comprometerme a no cruzar la línea en la vida de los demás. No es mi lugar tratar de "arreglar" la vida ajena.

Justamente porque no quiero que lo hagan conmigo.