La rumba y la artesania.
Mientras escucho música bailable de fondo —esos clásicos ineludibles de la cultura colombiana que, aunque no son mis favoritos, no caen mal de vez en cuando— me pongo a reflexionar sobre la dinámica de la fiesta y la cultura rumbera en nuestro país. Recuerdo a mi papá tratando de encajar con algunos de mis tíos en ese estilo de vida, en esa actitud de "sí, nos gusta la rumba". A él le gusta bailar con mi mamá, pero muy ocasionalmente. La verdad es que esa cultura de beber y salir nunca fue fuerte en mi familia, y a mí, personalmente, no me llama la atención. Disfruto tomarme un par de cervezas con mis amigos para hablar pendejadas, pero no soy un acérrimo seguidor de la vida nocturna.
Mientras suena la música, yo estoy inmerso en otra cosa: trabajando en uno de mis proyectos personales, adquiriendo habilidades de talabartería. Me compré unos retales de cuero, algunas herramientas —otras me las prestó mi papá de su taller— y me puse manos a la obra para aprender y fabricar.
En medio del proceso, me puse a hacer cuentas. Pensé en lo que vale una botella de aguardiente o de ron; en lo que normalmente se gasta un colombiano de mi edad en una salida de viernes o sábado por la noche, solo para pasar el día siguiente enguayabado, perdiendo el tiempo y sintiéndose mal. Comparé eso con lo que invertí en mis materiales y herramientas. ¿El resultado? Gasté menos de lo que se esfuma en una noche de fiesta promedio.
Pero la diferencia no es solo económica. El producto terminado —unas sandalias tipo pescador— me va a quedar sirviendo y espero utilizarlas por mucho tiempo. Además, las habilidades y el aprendizaje no tienen precio. Le he dedicado unas cinco o seis horas divididas en un par de días, y le sumaré un par más. Ese es fácilmente el mismo tiempo que alguien pierde en un fin de semana saliendo a rumbear, sin contar el domingo perdido por el guayabo.
Al final de mi fin de semana, yo he gastado menos dinero, he adquirido una habilidad nueva, me ha sobrado material, conservo las herramientas para futuros proyectos y terminé con un producto valioso. Salió muchísimo más barato en dinero y en tiempo, y la satisfacción de hacer algo con mis propias manos es increíble.
A veces la mente me juega malas pasadas y pienso: "Perdí ocho horas haciendo unas sandalias que pude haber comprado hechas". Pero el gusto que me produce este proceso supera con creces cualquier noche de rumba. Y aquí entra la ironía de nuestra sociedad: si un joven se va de fiesta todo el fin de semana, se ve normal; no se considera "tiempo perdido". Pero si pasas ese mismo tiempo adquiriendo una habilidad artesanal, muchos lo juzgan como un desperdicio. Afortunadamente, los más intelectuales de mi círculo me entienden, pero para el resto, parece que estoy perdiendo un tiempo que "debería estar gastando en cosas más importantes".
Para mí, esto es importante. Me da satisfacción. Lo estoy haciendo en mi tiempo libre, tiempo que perfectamente podría estar desperdiciando, y me sorprende lo mucho que lo disfruto. Si me dieran a elegir entre pasar toda una tarde y noche —incluso trasnochando— fabricando algo, frente a irme de fiesta, elegiría crear sin dudarlo. (Aunque, para ser honesto, la competencia estaría un poco más reñida si la alternativa fuera pasar la noche inmerso en un buen roguelike, expandiendo una fábrica en Factorio o explorando el mundo de Dark Souls, pero eso ya depende del estado de ánimo).
Esta experiencia me hace sentir orgullo y cierta admiración por mí mismo. Me permite decir: wow, soy una persona con una visión y un estilo de vida del cual me siento orgulloso. Es una sensación increíble en la que no había reflexionado.
Antes de esto, mi cerebro, acostumbrado a esa trampa del menosprecio, me hacía dudar de mis decisiones. Me cuestionaba si había sido una buena idea invertir tiempo y dinero en hacer estas sandalias. Ahora lo veo claro: fue valiosísimo. No solo me salieron más baratas, sino que me quedan mejores porque son reparables. Quizás no sean estéticamente perfectas al ser mi primer trabajo, pero jamás habría podido conseguir unas sandalias con este nivel de significado por ese precio. Y más allá del calzado, me quedo con la certeza de que mi tiempo, mis pasatiempos y mis decisiones tienen un valor inmenso.