Ozkar
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La llave que no se puede cambiar

En mi ciudad hay una empresa que está ofreciendo un servicio muy particular: te pagan cerca de 80 dólares en criptomonedas a cambio de escanearte la retina. Y cuando escuché esto, algo no me sonó bien. Me pareció un negocio raro, sospechoso, como si detrás hubiera algo más. Así que empecé a pensar qué puede haber detrás de esto. Y lo primero que me vino a la mente es que están apostando hacia el futuro.

En el futuro, la identificación va a ser biométrica, y ya se está empezando a usar, por ejemplo, en aeropuertos con la migración. Entonces, la retina, el iris, van a estar asociados directamente a nuestra identidad. Así como hoy en día se venden documentos falsos, se suplanta identidad o se comercializan bases de datos en el mercado negro, el día de mañana puede que eso mismo ocurra con nuestras características biométricas. Y yo pienso que estas empresas lo saben. Puede que hoy no estén haciendo nada ilegal o malicioso, pero están acumulando algo con un enorme valor: los ojos de la gente. Y si en el futuro la retina se vuelve una de las llaves maestras de la identidad, ellos ya tienen una base de datos gigante con la que podrían hacer... bueno, muchas cosas.

Puede que no sea un fraude ahora, pero lo que están haciendo, para mí, huele raro. Es como si aprovecharan la necesidad de las personas en países pobres para obtener algo que esas personas no entienden del todo que están entregando. Porque uno podría pensar: "¿qué tiene de malo? Solo es un escaneo del ojo, y me pagan". Pero ahí es donde está el problema: la mayoría no ve el valor que tiene eso que están entregando. La gente no está vendiendo una foto, está entregando un pedazo de sí mismo. Una llave que no se puede cambiar.

Y es que si uno lo piensa bien, cuando uno entrega sus huellas, o el rostro, o una contraseña, siempre existe la posibilidad de cambiarla o borrarla. Si roban tu contraseña, la cambias. Si se filtra tu dirección, te mudas. Pero si alguien tiene tu retina, ¿qué haces? No puedes cambiar de ojos. No puedes dejar de ser tú. Y eso es gravísimo.

Están diciéndole a la gente: "Dame la llave de tu casa a cambio de unos pesos". Pero no es solo la llave de tu casa, es la llave de tu identidad, de tu vida digital. Es como entregarle a un desconocido todas tus contraseñas y decirle: "guárdamelas, confío en ti". Y claro, quizás alguien diga: "pero es legal", o "esa empresa tiene buenas intenciones". Y puede ser. Pero la historia está llena de cosas que fueron legales en su momento y que luego vimos como errores catastróficos.

Lo que me preocupa es que estamos entregando todo sin darnos cuenta. Porque la computación cuántica está avanzando, las contraseñas se están volviendo cada vez menos seguras, y estamos buscando nuevas formas de identificarnos. El iris es una de esas formas. Y lo que me parece que está pasando es que estamos cediendo, por necesidad, algo que en el futuro va a ser tan valioso como el acceso a nuestras cuentas bancarias o nuestras propias decisiones.

Y más aún: si estas empresas logran tener millones de registros biométricos, pueden llegar a tener más poder que los mismos gobiernos en términos de autenticación e identificación. Y eso es peligrosísimo. Porque el monopolio de la identidad ya no estaría en manos públicas o democráticas, sino en manos privadas. Y no cualquiera: manos que no responden ante nadie, excepto ante sus propios intereses.

Así que sí, puede que no estén haciendo nada ilegal. Puede que incluso ellos mismos no tengan una mala intención ahora. Pero el hecho de que recojan datos biométricos en países pobres, aprovechando la necesidad y la falta de información, me parece profundamente poco ético. Y me deja con una mala corazonada. Me huele mal. Porque esto no se trata de dinero, se trata de poder. Y de lo más valioso que tenemos: nuestra identidad, esa que no se puede cambiar.