Ozkar
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La alegría de vivir

Hace mucho no me sentía así, pero hoy estoy inspirado para escribir sobre esto: la felicidad.

Situaciones que en otro momento se verían grises y dolorosas, hoy pasan sin más. Realmente he comprendido que las cosas dependen de mi mente y no de cómo son en realidad: compartir con mi familia y con las personas que me aman, hacer las cosas que disfruto, emprender pequeños proyectos cuyo único propósito es simplemente ser, cosas que aparentemente no tienen utilidad, pero que gozo profundamente.

No se trata de cómo son las cosas externamente. Sé que algunas actividades de este fin de semana, como ir al río o jugar con mis primitos, no habría podido disfrutarlas con la "batería social" baja o, mejor dicho, estando deprimido. Tuve la energía para leer, para programar y para mantenerme desconectado del doomscrolling y la pornografía. No sé qué fue exactamente; trato de pensar y ubicar los factores que me ayudaron a sentirme bien estos días. Quizás la alimentación influyó; quizás el tener algo de dinero. Sentirme apoyado y no juzgado por mis padres ciertamente ayudó. Sentirme amado fue importante; ser admirado y necesitado por mis primitos, también. Y el contacto físico... no puedo negar que, aunque me guste pretender que no, me hace mucha falta. En fin, creo que no fue una sola cosa, sino la suma de muchos detalles lo que me trajo a este punto.

No puedo dejar de mencionar a mis amigos. No solo no sé cómo me aguantan, sino que ese "estar ahí" cuando los necesito —y también el saber no estar cuando no me aguanto ni yo mismo— es impagable. Tienen una paciencia infinita.

Quiero aferrarme a este sentimiento; no para que se quede para siempre (en mi brazo llevo un recordatorio de lo fugaces y pasajeras que son las cosas), sino para tener presente esta sensación cuando no la pueda recordar. Esa satisfacción de escribir mis propios scripts en la terminal, de resolver problemas que yo mismo me busqué leyendo la documentación, de aprender y adquirir habilidades que no tienen "valor comercial" (bueno, excepto en un apocalipsis zombie). Sentir que tengo el control, que no dependo de internet para hacer mis cosas.

También está la sensación de compartir con mis padres lo que me gusta. Jamás imaginé que se sentarían conmigo a ver One Piece; es un recuerdo que atesoraré siempre, se me aguan los ojos de solo recordarlo (y pasó ayer).

Al final, sé que se trata de la química de mi cerebro: dopamina, adrenalina, serotonina... pero reales. De las que se sienten luego de ganar un juego de mesa, de lograr que el código compile, de recibir un abrazo de mis primos o de llorar de alegría viendo una serie emocionante.

He escrito mucho sobre la tristeza y la depresión. Pero cuando estoy "arriba" y con ánimo suelo olvidarme de escribir, aun así hoy me hice el espacio. Es una hermosa mañana lluviosa, estoy escribiendo desde el asiento de atras del carro, como cosa rara salimos de afán para no llegar tarde; situaciones que, bajo otra mirada, me producirían estrés, pero que hoy me parecen alegremente divertidas.