Hoy me desperté existencialista
Hoy me desperté con la cabeza dando vueltas, con ideas que aunque familiares, aún me sacuden un poco y me dejan con una sensación de inquietud y melancolía.
Antes solía pensar que todo pasaba por una razón, que el universo tenía un plan, que el karma equilibraba la balanza, que Dios en su infinita sabiduría tenía un proyecto inefable para cada uno de nosotros. Pero hoy, me desperté con la certeza de que las cosas simplemente son. No hay una gran justicia universal esperando poner todo en su lugar, no hay un equilibrio cósmico asegurando que el bien sea recompensado y el mal castigado.
La vida no es justa. Nunca lo ha sido. Y quizás esa sea su naturaleza más pura. Vivimos lo que nos toca vivir, cambiamos lo que podemos cambiar y aguantamos lo que no. Sin la falsa esperanza de que el sufrimiento será recompensado o que el injusto recibirá su castigo divino. Solo somos simios en una roca flotando en el espacio, tratando de sobrevivir, y eso está bien.
No digo esto para quedarme en la desesperanza, al contrario; hay algo liberador en aceptar la realidad sin maquillarla. No hay hilos invisibles moviendo nuestras vidas, solo decisiones y consecuencias. Y si no hay un gran plan maestro, entonces todo lo que importa es lo que hacemos aquí y ahora, con las personas que elegimos tener cerca, con las cosas que decidimos valorar. Y eso le da más sentido a la vida. No actúo por obligación, sino porque elijo hacerlo. Me da la satisfacción de luchar por lo que quiero, con la certeza de que mi esfuerzo es mío y no una deuda con el destino.