Ozkar
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Estoy Cansado

Tengo cinco o más sistemas para jugar videojuegos. Mi consola favorita es la Wii, ya medio retro, rescatada después de años. También tengo computador, celular, una consola portátil dedicada, una Raspberry Pi que podría usar para jugar, una tablet que también serviría… y sin embargo, casi no juego.

O mejor dicho: juego menos de lo que parecería lógico teniendo todo eso.

Lo curioso es que lo que más disfruto no es tanto jugar, sino cacharrear. Modificar la Wii, instalarle Homebrew Channel, configurar software, comprar accesorios, dejar todo listo. Ese proceso me da más placer que sentarme a terminar un juego. De hecho, no recuerdo la última vez que finalicé uno. Hace eones.

Cuando juego de verdad, suele ser algo social. Con mis primos. Minecraft, Hearthstone, Core Keeper, League of Legends, Age of Empires. Incluso Stardew Valley lo jugué acompañado. Los videojuegos, para mí, funcionan más como excusa para compartir que como experiencia individual.

Y aun así, tengo una colección enorme: más de cincuenta juegos en PC, más de veinte en Wii. Juegos que quiero terminar… pero no termino. Llevo casi un año con la Wii funcionando otra vez y, siendo generoso, me he sentado a jugar dos o tres veces.

En el computador sí juego más. Pero incluso ahí compito con algo peor: el tiempo muerto. Reels, redes sociales, horas que desaparecen. Y lo irónico es que ese tiempo podría estarlo usando en videojuegos, que al menos tienen objetivos, progreso, habilidades que se desarrollan. Incluso una justificación medio funcional: coordinación, concentración, avance.

Eso me lleva inevitablemente a pensar:

¿qué carajos estoy haciendo con mi vida?

Intento no darme látigo con eso. Estoy cansado de torturarme por no cumplir objetivos, por caer siempre en los mismos vicios. Ya está. Tampoco quiero hundirme más en ese sinsentido.

Hay algo claro: me gusta hacer cosas.

La Raspberry Pi es un buen ejemplo. Compré los componentes, le armé el sistema de batería, configuré servicios, monté servidores, infraestructura, un servicio de voz sobre IP para jugar con mis primos. ¿Para qué? No lo sé. El placer estaba en hacerlo. En montar, configurar, probar.

Podría justificarlo como aprendizaje técnico, académico incluso. “Estoy aprendiendo servidores, infraestructura”. Sí… y no. Muchas cosas las hice por encima, sin profundizar. Otras quedaron inseguras porque, al final, no estoy protegiendo nada importante, entonces ¿para qué esforzarme más?

Y ahí aparece un patrón: me gusta crear, pero cuando crear empieza a exigir constancia, me salgo.

Pasó con la impresión 3D. Al comienzo fascinante. Ahora la impresora lleva más de un mes apagada. Tengo ideas, cosas que podría diseñar e imprimir, cosas útiles incluso. No es falta de tiempo. Es pereza. Desconecté los cables, tendría que volver a conectarlos. El software no está instalado, aunque instalarlo toma diez minutos.

Entonces la pregunta inevitable:

¿qué es lo que me frena, maldita sea?

Lo mismo con los videojuegos competitivos. Quiero entrenar, mejorar, volverme bueno. Pero en el momento en que aparece la exigencia… abandono. Mejor tirarme en la cama a ver Reels. Y listo.

Y ahí quedo. Vacío. Sin sabor. Sin sentido.

No es que mi vida esté mal. Objetivamente no lo está. Tengo dinero para sobrevivir un par de meses. Algo va a salir: un negocio, un trabajo, una entrevista. Siempre sale algo. El dinero no es el problema.

La ansiedad tampoco se resuelve con seguridad: cuando la tuve, la ansiedad cambió de forma, no desapareció. Está el tema de la salud mental, de no tener servicio médico, de no poder hablar con un buen psicólogo sin que eso se vuelva una carga más.

Volver a contar la historia cansa. Que te digan “cuadro ansioso”, “cuadro depresivo”. Revisar la relación con los padres, el pasado, entender el porqué… ¿y luego qué? Nada se arregla mágicamente.

Y ahí quedo, tirado frente a la vida.

Si tengo que sacar una conclusión —si es que hay una— es esta:

estoy cansado.

Y no está mal. No está mal estar cansado. No está mal querer echarse en la cama, mirar Reels, o sentarse a jugar videojuegos sin más pretensión. No está mal simplemente parar un rato.

Quizás no haya un cierre elegante.

Quizás solo sea esto: cansancio.

Y por ahora, eso es suficiente.