Ozkar
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A llorar a la llorería

Este fin de semana, reunido con mis amigos, compartiendo unas cervezas y dejando escapar el dolor que llevamos dentro entre chistes y comentarios, me di cuenta de la importancia de ese espacio. Un lugar donde, aunque muchas veces no expresamos directamente nuestros sentimientos, sí hablamos de ellos. Un espacio donde podemos expresar lo que en ningún otro lugar y con ninguna otra persona nos atrevemos a compartir.

Aunque no damos explicaciones detalladas, aunque no nos extendemos en los porqués, es un momento en el que el sufrimiento deja de pesar. Dejamos de cargar con tanto peso y podemos simplemente ser nosotros mismos. En esos momentos, me doy cuenta de lo valiosos e importantes que son mis amigos.

Los considero mis verdaderos amigos porque con ellos todo fluye naturalmente, a diferencia de otras personas con las que las interacciones sociales se sienten forzadas y agotadoras. Mientras que normalmente salir puede convertirse en una obligación, con ellos todo surge de manera orgánica. Como esta vez, que una simple llamada llevó a otra, y antes de darnos cuenta, ya estábamos los cuatro compartiendo un momento especial (aunque no estaba el grupo completo, precisamente porque el plan se armó a última hora).

Este encuentro no se sintió forzado en ningún momento. No sentí la necesidad de escapar. No hubo silencios incómodos, ni la presión de tener que decir algo, ni la necesidad de esforzarme por ser alguien más. No tenía que usar una máscara, simplemente podía ser quien soy. Hacer comentarios, contar chistes sin temor a ser juzgado.

Y eso fue maravilloso. Poder decirnos las cosas en la cara. Alguien mencionó que mi blog es como un paño de lágrimas, como un "querido diario" donde cuento lo que me pasa. Nos reímos de esa comparación, pero me di cuenta de lo acertada que era. Ha sido una herramienta que me ha ayudado muchísimo a poner en palabras todos esos pensamientos y sentimientos que siempre he querido expresar.

Cosas que siempre había querido hacer y no había podido, finalmente se manifiestan. Y es esto lo que le da título a esta entrada, porque así como mi blog es mi espacio para llorar en soledad, las reuniones con mi grupo de amigos son también un espacio para llorar, sin llorar. Me recuerda a la frase "llorar a la llorería". Pues mis amigos son mi llorería.

También reflexiono sobre por qué es tan difícil sacar esos sentimientos, por qué nos cuesta hablar de lo que nos duele y por qué necesitamos del psicólogo y de la terapia. Hemos sido criados de forma que no nos permitimos sentir, y al menos en mi caso, a veces me siento culpable o incapaz de expresar mis sentimientos, de permitirme sentir.

Y veo que esto es un problema muy común. Pero allí, reunido con mis amigos en medio de chistes y bromas, nos permitimos sentir. Y eso es algo hermoso. Eso es algo verdaderamente valioso.